martes, 10 de mayo de 2016

Las columnas de Ciudad Rodrigo I

El Presbítero e historiador Jesús Pereira continua con el tema de las columnas de Ciudad Rodrigo escribiendo el siguiente artículo en El Salmantino del 8 de enero de 1913.

Las columnas de Ciudad Rodrigo

¿Las columnas de Ciudad Rodrigo, son mojones divisorios de la España Ulterior y Citerior? ¿Lo son de las provincias imperiales? ¿Son acaso los términos augustales que establecieron los límites de Miróbriga con Elmántica (sic) y Bletisa? ¿Son las dos cosas a la vez, amalgamadas y confundidas por el celo de un Ayuntamiento ligero?


He aquí una cuestión digna de dilucidarse.
En mi artículo anterior, contestando al señor Rodríguez Miguel, daba yo por averiguado que las columnas de Ciudad Rodrigo no son los Milagros de Urueña; pero como a través de las preguntas del erudito vicepresidente de la comisión de Monumento, me parece que asomaba otra interrogación más honda y trascendental sobre este monumento romano, aprovecharé la cuestión que ello me ofrece para exponer ciertas dudas y sospechas, (no llegan a opinión), ha mucho concebidas sobre lo que pudieron ser esas columnas que Ciudad Rodrigo usa como blasón heráldico, y de las que un rey de armas decía para explicarlas en el tiempo de Carlos V:
Ciubdá Rodrigo, en sennal
de sus onrrosas fortunas
se zifra en tres columnas
d’antigua, noble, é, leal.

Dice S. Cabañas en el capítulo I de su historia de la muy noble y muy ilustre ciudad de Ciudad Rodrigo, que las tres columnas fueron puestas por Augusto, «a los cuarenta y dos años de su imperio, para señalar hasta dónde llegaban los términos de la España Ulterior».
Téngase en cuenta que la división de España en Ulterior y Citerior no pertenece la Imperio, sino a la República Romana (206 antes de J. C., según unos, 197 según otros, en tiempo del pretor Catón), división que Augusto vino a destruir con lo que él hizo de España, dividiéndola en tres provincias: dos imperiales, la Tarraconense, que comprende la España Citerior, y la Lusitania desde el Duero hasta el Guadiana, en la Ulterior, ocupando lo restante la Bética, provincia senatorial, y téngase también en cuenta, que es opinión común, que Augusto hizo esta división sobre el antiguo límite de la división republicana (1).

Al decir, pues, Cabañas que Augusto puso las columnas para señalar los términos de la España Ulterior, no puede entenderse, puesto que esto sería una ignorancia inadmisible en Cabañas, que Augusto dividiera a España en Citerior y Ulterior y que para establecer el límite pusiera las columnas, sino que para deslindar a Miróbriga de la provincia de Lusitania, puso las columnas sobre el antiguo límite de la España Ulterior. Hipótesis que a mi juicio, se compone perfectamente con esto que en el capítulo III dice el mismo historiador: «en el año 42 de su imperio, mandó Augusto señalar los términos de las ciudades y pueblos fronterizos a Lusitania, porque los naturales de ésta se entraban y apacentaban sus ganados en los términos de aquellos; y al mismo tiempo ordenó poner en esta ciudad tres grandes columnas, con el fin de evitar así los pleitos y pendencias que podían mediar entre ellos. Fue esto a los sesenta años de su edad y el primero de Nuestro Señor Jesucristo.»

Y aquí sale un nuevo enredo (2). Parece claro conforme a la hipótesis establecida, que Augusto mandó deslindar a Miróbriga de Lusitania: pero ¿las columnas las mandó poner sólo al límite de Lusitania y Miróbriga, antiguo límite probablemente de la España Ulterior, o (empleando las palabras de Cabañas) al mismo tiempo ordenó poner en esta ciudad (dentro de la ciudad o en sus inmediaciones) tres grandes columnas, con el fin de evitar así los pleitos y pendencias entre ellos?

Si es lo primero que parece, el sentido más obvio, se puede colegir que las columnas fueron puestas por Augusto sobre el antiguo límite de la España Ulterior para señalar la frontera de Miróbriga y Lusitania; y que éste debe ser el sentido de esas palabras, nos lo dicen estas otras del capítulo II: «la causa que movió al emperador Augusto a acrecentar y poblar de romanos la ciudad de Miróbriga (fue) por parecerle sitio acomodado para la frontera de los rebeldes lusitanos y en consideración a su fundador se empezó a llamar Augustóbriga. No obstante, cuando pusieron las tres columnas que señalaban los términos, se llamaba todavía Miróbriga como consta de las inscripciones». Y si es lo segundo, es decir, que las mandó poner en Ciudad Rodrigo, se puede colegir que fueron traídos desde el límite de la España Ulterior para consagrarlos al emperador, o se puede deducir lo mismo que anteriormente con sólo suponer que el límite de la España Ulterior, fuese el río Águeda, desde su unión con el Duero (lo que no me parece improbable) y en este límite dentro de Ciudad Rodrigo, mandara poner las columnas.

Adviértase también que en las palabras citadas hasta ahora, Cabañas habla de las columnas; de Lusitania, de la España Ulterior y de Miróbriga; pero para nada nombra a Salamanca y Ledesma; ni dice que las columnas fueran los términos de estos tres pueblos.

Pues bien, a pesar de ello, el capítulo III de su historia, lo dedica íntegramente a decir que las columnas fueron términos augustales de Miróbriga con Salamanca y Ledesma, y otro pueblo que no menciona porque faltaba una tercera piedra y «sería apreciable, dice, se descubriera la tercera piedra».
(Continuará)
NOTAS:
    (1) Era este límite, según historiadores que no quieren exponerse a errar una línea (no dicen si recta o quebrada), tirado desde la desembocadura del Duero hasta Almería. El señor Lafuente, en el mapa que acompaña al tomo 1º de su obra, hace subir el límite Duero arriba hasta cerca de Simancas, bajando después por Salamanca, atravesando tierras retanas para bordear las de los carpetanos, oretarios y bartetarios. Según este mapa de Lafuente, los restantes pertenecieron a Lusitania y esto no parece fácil de admitirse, so pena de dar por cierto que la Lusitania llegara casi al corazón de la Celtiberia.

(2) Escrita la Historia por S. Cabañas en 1627 a 28, no fue dada a imprenta hasta el año 1861, habiendo, por consiguiente, corrido manuscrita y víctima de mis atormentadores copistas nada menos que 234 años. Téngase esto muy en cuenta para juzgar de las confusiones y enredos que aparecen en la Historia impresa.

domingo, 8 de mayo de 2016

Los milagros de Urueña y la columnas de Ciudad Rodrigo II

En el diario El Salmantino de 28 de diciembre de 1912 el Presbítero e historiador mirobrigense Jesús Pereira responde al artículo publicado en AVANTE el día 21 de diciembre.

Los milagros de Urueña y las Columnas de Ciudad Rodrigo
Al señor don Luis Rodríguez Miguel

En el último número de Avante, aparece un artículo de don Luis Rodríguez Miguel, vicepresidente de la comisión provincial de monumentos y en el que, al dar cuenta de un trabajo del sapientísimo arqueólogo, P. Fita, sobre «La diócesis y fuero eclesiástico de Ciudad Rodrigo en 13 de Febrero de 1161», publicado recientemente en el Boletín de la Real Academia de la Historia, propone a los aficionados mirobrigenses la solución de la  siguiente cuestión que respecto a los milagros de Urueña y las columnas de Ciudad Rodrigo se deducen, por lo visto, del erudit trabajo del director de la Real Academia de la Historia. «El director de la Real Academia de la Historia —dice el señor Rodríguez Miguel— invita a la Comisión provincial de monumentos, de Salamanca, a que se ponga en claro la identidad de ambos monumentos, y luego, más abajo, endosa amabilísimamente esta invitación a los aficionados mirobrigenses, concretando la cuestión en las siguientes preguntas:

¿Existen esas columnas en los altos de Ureña? ¿La inscripción es igual a la que tienen las de Ciudad Rodrigo? ¿Son las que como emblema heráldico tiene Ciudad Rodrigo las mismas de Ureña, trasladadas de aquel sitio? ¿Cuándo y por qué causa comenzó a usar Ciudad Rodrigo esas columnas como emblema heráldico?»

Un poco aficionado a conocer las antigüedades de mi pueblo, allá va, aunque peque de atrevido, algo que a mi parecer soluciona la cuestión propuesta.

Desde luego, la primera, segunda y cuarta de las preguntas del señor Rodríguez Miguel, no me atrevo a contestar por hoy; pero a la tercera, principal de todas ellas, me parece que puede contestarse sin ningún género de titubeo, que las columnas que como emblema heráldico usa Ciudad Rodrigo, no son las mismas de Urueña, ni por lo tanto trasladadas aquí desde aquel sitio.

La razón es humilde, pero muy digna de tenerse en cuenta a falta de otros datos y razones.

Si el señor Rodríguez Miguel ha visto la Historia Civitatense, (1) se habrá fijado que por el capítulo del primer libro, al tratar de los prebendados que tiene este templo, de los que han tenido las dignidades se deduce que Sánchez Cabañas escribió su Historia Civitatense en el año 1627, pues dice textualmente: «y este año de 1627 murió don Martín González Dávila, y el señor don Alonso Samaniego tomó la posesión (del decanato), en 1º de Mayo, y es el que al presente la tiene».

En la Historia de la M. N. y M. L. ciudad de Ciudad Rodrigo, del mismo autor, en el capítulo III, al hablar de las columnas que Augusto puso para señalar los términos de esta ciudad, dice a la letra:

«Las tres columnas son las mismas que hoy se ven en la ciudad…
Estaban puestas casi en medio de la ciudad, en lo más elevado del monte en que fue fundada, que venía a ser el sitio donde hoy se hallan las carnicerías, al hacer las cuales se halló una piedra sobre la que estuvieron antes fijadas las columnas, y habiendo notado contener alguna inscripción, se dio conocimiento al consistorio, quien mandó que el preceptor de gramática, Silva, explicase la inscripción, a cuyo acto se halló el noble caballero Antonio de Cáceres Pacheco, y visto que resultaba el letrero en honor de la ciudad, se mandó fuesen trasladadas las mismas letras, con sus puntos y notas ortográficas, a otra piedra nueva por estar la hallado sumamente hendida y que así se colocase sobre las columnas, las cuales, por estar recibidas como armas de la ciudad, habían sido colocadas en el mismo sitio que ahora tienen al lado de las casas consistoriales en la plaza Mayor, junto a la parroquia de San Juan Bautista. El año que fueron trasladadas lo señala otra piedra que se puso por adorno con esta inscripción:
«REGNANTE FILIPO II HAS COLUM
CUM INSCRPS ABIMA BASS
REPERT HIC AUGUSTOBRIGA
INSTAURAND, ANNO
MDLVII.»
En la misma historia de la muy noble y muy leal ciudad de Ciudad  Rodrigo, al capítulo 11, describiendo el origen y curso del río Águeda, dice Cabañas: «entre los dos pueblos de Robleda y Guinaldo, se le une asimismo (al Ägueda), otro gran arroyo, llamado Belloso, quedando en medio un monte alto, donde estuvo fundada la ciudad de Osonia, llamada ahora Urueña (2), de la que se ven aún algunos restos de edificios arruinados y unas columnas que han quedado en pie, a las cuales llaman los de aquella tierra, los milagros de Urueña».

De las palabras subrayadas en los anteriores traslados se deduce, a mi ver: 1º Que al tiempo de escribir Cabañas su Historia de la muy noble y muy leal ciudad de Ciudad  Rodrigo, que estaban en pie, sobre el monte donde se asentaba Osonia, las tres columnas que los coetáneos del historiador llamaban los milagros de Urueña. 2º Que las tres columnas, armas de Ciudad Rodrigo, estaban colocadas junto a las Casas Consistoriales desde el año 1557, habiendo estado antes emplazadas en el sitio que hoy tienen las llamadas Carnicerías Viejas, y esto desde una fecha, que aunque el autor no lo dice, debió ser lo suficientemente remota para que la piedra encontrada bajo su base estuviera tan deteriorada. 3º Que antes del año 1557 ya estaban recibidas como armas de la ciudad las tres columnas de Ciudad Rodrigo, y 4º Que Cabañas escribió su Historia Civitatense en el año 1626 o 28, y de igual o próxima fecha, debe ser la del mismo autor Historia de la M. N. y M. L. ciudad de Ciudad Rodrigo.

Luego, si en el año 1626 los milagros de Urueña estaban en pie sobre el monte de la ciudad de Osonia y las columnas-armas de Ciudad Rodrigo estaban como hasta hace pocos años, junto a las Casas Consistoriales, paréceme evidente que los milagros de Urueña no son las columnas de Ciudad Rodrigo.

Este parece que es el nudo que el señor Rodríguez Miguel trataba de deshacer con el encadenamiento de sus preguntas, y creo innecesario emplearse en la desesperante tarea de buscar en el revuelto archivo municipal para no sacar, tal vez, la consecuencia, como contestación a las demás preguntas.
JESÚS PEREIRA. (PBRO.)
Ciudad Rodrigo
     NOTAS:

(1) Por Ciudad Rodrigo corre impresa, aunque ya bien escasamente por cierto, una Historia de la M. N. y M. L. ciudad de Ciudad Rodrigo, por don Antonio Sánchez Cabañas, y era opinión generalmente admitida que Cabañas había escrito solamente una historia de este pueblo, siendo la que por aquí corre impresa un número muy reducido de sus capítulos, entresacados de la original por algún curioso y así conservados por los demás. En investigaciones sobre el asunto, de las que por creerlas de gran importancia di cuenta un día al ilustre Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, vine yo a deducir que Sánchez Cabañas no escribió una sola historia, como se cree, sino dos: una la ya citada, y otra titulada Historia Civitatense, que después de mucho buscar tuve la fortuna de encontrarla en la sección de manuscritos de la Biblioteca Nacional. El Ayuntamiento, preocupado con asuntos de mayor trascendencia sin duda, aún no me ha contestado a las peticiones que en mi solicitud le hacía, aunque en pública sesión se ocupó del asunto. Por si a la Comisión de Monumentos pudiera interesarle, me ocupare de ello en otro número, si el director de EL SALMANTINO me lo permite.

(2) Como se ve en este traslado de la Historia de la M. N. y M. L. ciudad de Ciudad Rodrigo, S. Cabañas llama Urueña a la antigua Osonia. El señor Rodríguez Miguel la llama primero Urenia y después Ureña. ¿Estos nombres están tomados exactamente del trabajo del P. Fita? De ser así será cosa de averiguar si la Historia Civitatense, de la que habla el P. Fita, es la que con la asignatura 7112 se guarda en la Biblioteca Nacional, o por el contrario, es uno de los libros sobre linajes y antigüedades mirobrigenses escribió S. Cabañas, y que yo daba por completamente perdidos.

sábado, 7 de mayo de 2016

Los Milagros de Urenia y las Columnas de Ciudad Rodrigo I

En AVANTE, semanario independiente de Ciudad Rodrigo, del día 21 de diciembre de 1912 aparece publicado el siguiente artículo.


Los Milagros de Urenia y las Columnas de Ciudad Rodrigo


El sapientísimo y erudito arqueólogo P. Fidel Fita, Director de la Real Academia de la Historia, ha publicado en el Boletín de esta docta corporación, correspondiente al pasado mes de Noviembre último, un artículo bajo el epígrafe «La Diócesis y Fuero eclesiástico de Ciudad Rodrigo en 13 de Febrero de 1161». Ocupase en él, tan diligente investigador, de la debatida cuestión de la antigüedad de la diócesis mirobrigense, poniendo de manifiesto los escasos documentos en los que puede hoy fundamentarse su historia, porque desgraciadamente el archivo de su catedral, desapareció, casi por completo, durante la guerra de la Independencia.

En tan curioso artículo, sumamente interesante para reconstituir el episcopologio de tan antigua diócesis, refiere el P. Fita, que el autor de la Historia Civitatnese, don Antonio Sánchez Cabañas, prebendad de la Catedral de Ciudad Rodrigo, habla de unas ruinas de la antigua ciudad romana de Oronia, cerca del sitio hoy conocido con el nombre de Urenia, cuyas ruinas acusa también don Manuel Gómez Moreno, autor del catálogo artístico y arqueológico de la provincia de Salamanca; cerca de esas ruinas, en una eminencia próxima, parece que existían unas columnas con inscripción, que los de aquellas tierras llaman los Milagros de Urenia; dichas columnas son muy semejantes a las que, hasta hace poco tiempo, existían en un ángulo de la casa municipal, y vienen siendo el emblema heráldico de Ciudad Rodrigo.

El Director de la Real Academia de la Historia, invita a la Comisión provincial de Monumentos de Salamanca, a que se ponga en claro la identidad de ambos monumentos, ignorando, sin duda, que esta Comisión, carece de consignación para investigaciones arqueológicas, y que en Ciudad Rodrigo, no cuenta con un diligente corresponsal, al que pueda confiar este encargo.

Ciudad Rodrigo, cuenta en la actualidad seguramente, en su prelado, en su cabildo catedral, y en algunas personas, espíritus de cultura bastante, para conceder importancia a estas investigaciones que suelen hacer sonreír con desdén a los ignorantes, que no conciben que puedan hallarse tanto placer y utilidad, en lo que ellos llaman chifladuras.

¿Existen esas columnas en los altos de Ureña? ¿La inscripción es igual a la que tienen las de Ciudad Rodrigo? ¿Son las que como emblema heráldico tiene Ciudad Rodrigo, las mismas de Ureña, trasladadas a aquel sitio? ¿Cuándo y por qué causa comenzó a usar Ciudad Rodrigo esas columnas como emblema heráldico?

Todas estas preguntas y otras que con ellas se relacionan, se dedicarían mis compañeros de Comisión, a su estudio sobre el terreno, pero por lo ya dicho, no es posible y yo invito a los estudiosos mirobrigenses, nos ilustren sobre esta materia, remitiendo el resultado de sus investigaciones a nuestra Comisión, o directamente al P. Fita, en la inteligencia que no queremos vestirnos con plumas ajenas, siendo únicamente nuestros deseos, corresponder a su invitación y esclarecer este punto histórico, que puede ser de gran importancia y transcendencia, para Ciudad Rodrigo.

El Vice-Presidente
de la Comisión provincial de Monumentos
LUIS RODRÍGUEZ MIGUEL
(continuará)

viernes, 15 de abril de 2016

Catálogo monumental de la provincia de Salamanca: Irueña

En el Catálogo monumental de la provincia de Salamanca de Manuel Gómez-Moreno, correspondiente a los años 1901-1903, aparece la descripción de Irueña en esa época (páginas 65 y siguientes).
Haz clic en la primera imagen para verlo en pdf.
 Catálogo: Irueña 
   

sábado, 9 de abril de 2016

viernes, 8 de abril de 2016

Domingo en Irueña

ARTÍCULO PUBLICADO EN NOVIEMBRE DE 1992 en el número 2 de BAM, revista de información cultural de la Asociación de Amigos del Museo de Salamanca.


DOMINGO EN IRUEÑA 
Nicolás Benet

La sección de Arqueología de BAM ofrece en esta ocasión un documento inédito hasta la fecha sobre los inicios de la actividad arqueológica en la provincia, tan sólo conocido por aquellos esporádicos visitantes del castro de Irueña (Fuenteguinaldo) que, por interés profesional o simple curiosidad, se han puesto allí en contacto con D. Domingo Sánchez, sobrino y tocayo del eminente científico que, en los años 30, despertó las investigaciones de campo en los castros de la provincia.

D. Domingo Sánchez —sobrino— nos ha permitido sacar copias fotográficas —es obligado manifestar por ello nuestro profundo agradecimiento— de los anáglifos que conserva de las dos campañas dirigidas por su tío en 1933 y 1934. Se trata de placas estereoscópicas que, tomadas y vistas a través de un verascopio, obtienen una imagen tridimensional superponiendo dos planos de un mismo objeto. D. Domingo guarda todavía el verascopio, cámara y visor, verdaderas piezas de museo, y diversos recuerdos del científico como condecoraciones, fotografías y un relato autobiográfico.

Las fotografías que publica BAM, reproducidas por Santiago Santos, muestran los interesantes restos que D. Domingo exhumó en las zonas “La Calle” y “La Mesa”, en el curso de unas excavaciones que, dotadas con una subvención anual de 10.000 pesetas (¡Ya las quisiéramos actualizadas, esas cantidades, hoy día!), llevaba a cabo con cuatro o cinco peones —entre ellos su sobrino—, desplazándose diariamente a caballo desde el pueblo —en aquellas fechas contaba 73 años—.

Las imágenes presentan probablemente un poblado tardorromano o altomedieval, en el que se reutilizan elementos arquitectónicos muy notables —basas, fustes, cornisas— de lo que previamente pudo ser un destacable edificio romano, quizá de época imperial. El castro de Irueña, mencionado como Oronia en un privilegio de donación a la catedral y Obispo de Ciudad Rodrigo por Fernando II en 1168, cobra así singularidad entre los poblados fortificados prerromanos de la provincia: carece de frisos de piedras hincadas, muestra una notable riqueza arquitectónica, se encuentra con gran probabilidad dotado de infraestructura hidráulica —se ha documentado recientemente la existencia de una presa aguas arriba del yacimiento, obra que acaso es evocada en un romance popular que narra la condición impuesta por una princesa al moro para contraer matrimonio, de llevar el agua hasta palacio—, y por su extensión, próxima a las 12 Ha., sólo superada en la provincia por la de Salmantica.
 

El castro no se ha visto interesado por actuaciones posteriores y es hoy un denso bosque donde sólo se perciben tramos puntuales del recinto amurallado, las estructuras descubiertas en aquellas excavaciones, muy deterioradas, y el impresionante verraco de granito, dinamitado en los años 30 —D. Domingo y su equipo conocieron a los artífices de tan notable hazaña— con el fin de extraer el “tesoro” de su vientre. Todo ello oculto e invadido por una copiosa vegetación que pone en evidencia su abandono, dulce sueño sólo interrumpido, eso sí bruscamente, por las frecuentes visitas de excavadores clandestinos.
 
Excavación I, “La Calle”. La presencia de piezas romanas reutilizadas es patente, mientras que los elementos funerarios pueden ser adscritos a época tardorromana o altomedieval. La última, D. Domingo, posando sobre la muralla.
 

D. Domingo Sánchez, director de las excavaciones, fue persona de versátil y profunda dedicación a la tarea científica, y además testigo de importantes acontecimientos históricos.

Nacido en 1860 en Fuenteguinaldo en el seno de una familia de modestos labradores, estudia en el seminario de San Cayetano de Ciudad Rodrigo y termina el bachillerato en el Instituto de Ávila. Licenciado en la Facultad de Ciencias de Madrid en 1885, consigue ese mismo año plaza como auxiliar zoológico en Filipinas, embarcándose inmediatamente. Permanece en el Archipiélago —excepto dos breves regresos— hasta 1899, cuando es repatriado tras vivir activamente el sitio de Manila como voluntario. En Filipinas se dedica a la recogida de ejemplares zoológicos, despertándose en él afición por la Antropología y la Medicina, carrera esta última que inicia allí y termina ya de vuelta en Madrid. Fruto de su estancia en aquellas tierras son importantes colecciones de los Museos de Ciencias Naturales y Etnológico de Madrid. Es conservador de ambos centros, se doctora en Medicina y en 1912 entra en el Laboratorio de Investigaciones Biológicas de D. Santiago Ramón y Cajal, de quien es ayudante y amigo hasta su fallecimiento (1934). En 1921 participa con D. Manuel Antón y D. Francisco de Barras en la fundación de la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria, de la cual es secretario entre 1927 y 1934, y en cuyo seno contacta con arqueólogos de la época, como Cabré o Morán que, sin duda, le impulsaron a investigar Irueña. Sufre durante toda la Guerra Civil el asedio de Madrid, donde residirá hasta su muerte, acaecida en enero de 1947. Cualificado especialista en análisis microscópicos de invertebrados y, en especial, en el sistema nervioso de los lepidópteros, rinde a la arqueología un pequeño homenaje con sus excavaciones.
Excavación II, “La Mesa”. Obsérvese la reutilización de las piezas arquitectónicas, así como su calidad y densidad, muy fuera de lo común.



La villa de Fuenteguinaldo le dedica una lápida honorífica en la que fue su mansión y, no en vano, ha de mostrarse orgullosa tanto por ser su cuna como por poseer tan notable patrimonio.

Nicolás Benet.

jueves, 7 de abril de 2016

Presentación


Este es el Blog de la Asociación Amigos del Castro de Irueña. La Asociación ha empezado a funcionar hace unos meses y, una vez elegida por la Asamblea la Junta Directiva, queremos darla a conocer al mayor número de personas interesadas en que nuestro tesoro de Irueña empiece a ver la luz.
Iremos informando de las actuaciones de la Asociación, así como de las actividades que se programen y realicen.
Se irán incluyendo toda la información y documentación que sobre el Castro de Irueña se publique, así como enlaces de interés.
A continuación reproducimos la información que se dio en diciembre cuando la Asociación empezó a dar los primeros pasos.
—   —   —
  • La Asociación Amigos del Castro de Irueña nace como una entidad sin ánimo de lucro, que se regirá por los Estatutos aprobados por los socios fundadores en el momento de su constitución.
  • El fin primordial de la Asociación es el impulso y promoción de todo tipo de acciones encaminadas al mejor conocimiento, divulgación y puesta en valor del yacimiento.
  • Pueden ser socios las personas físicas o jurídicas de acuerdo con lo establecido en los Estatutos.

RESEÑA HISTÓRICA

El castro de Irueña fue fundado por los vettones entre los siglos V-IV a. C, pueblo de origen celta entre cuyas características principales destacamos que eran tribus asentadas entre los ríos Duero y Tajo, eran guerreros, practicaban una economía ganadera, completada parcialmente por la agricultura y entre otros rasgos incidimos en la construcción de castros y esculturas zoomórficas de granito, como es el caso de nuestro yacimiento y la ”Yegua de Irueña”.
Posteriormente Irueña fue romanizada, como nos muestran los numerosos restos que hoy encontramos; incluso muchos investigadores creen en la gran importancia de la ciudad romana de Irueña ya que fue, junto con Salamanca, las únicas que alcanzaron el rango de municipium romano de acuerdo con el Edicto de Vespasiano del 74 a. C.
El yacimiento se conservará ocupado, aunque desconozcamos con exactitud estas últimas características, hasta la plena Edad Media.
La zona fue declarada Bien de Interés Cultural en 1931 para que sus restos fueran conservados.
Entre 1933 y 1935 tuvieron lugar las únicas tareas de excavación que se han llevado a cabo en el yacimiento a cargo de D. Domingo Sánchez Sánchez.
Durante 2014 se desarrollaron trabajos de prospección y estudio del yacimiento para la realización del Proyecto de actuaciones del castro de Irueña realizado por la Junta de Castilla y León.

LA COLABORACIÓN DE TODOS ES IMPORTANTE

HAZTE SOCIO 

Para ello sólo tienes que hacer clic en la pestaña de arriba y cumplimentar la ficha con tus datos. Después recibirás un correo electrónico con el número de cuenta de la Asociación para que hagas el ingreso de la cuota.
(Cuota anual 12€)